El trabajo responsable construye el futuro. Un café sólido, sostenido por la confianza.

En un sistema económico moderno donde el tamaño y el capital suelen imponer las reglas, los pequeños productores de café —con fincas de apenas unas pocas hectáreas— han sido, históricamente, quienes cargan con las desventajas. Por más dedicación que invierten y por más que perfeccionen la calidad, ese esfuerzo rara vez se refleja en el precio. El café recolectado se mezcla con otros lotes y termina perdiendo su historia y su identidad antes de llegar a los países consumidores. Sin rastro alguno de trazabilidad, ese café viaja sin que nadie sepa quién lo bebió ni dónde, mientras los productores continúan sosteniendo su día a día como pueden.

Sin embargo, hay quienes decidieron cambiar esta realidad. En las montañas del Perú, una persona se levantó con ese propósito. Se trata de José Prudencio Vargas Sáez, nacido y criado en una familia de productores de café y cacao con tres generaciones de historia en Calca, Cusco. Con la visión de abrir sus propios mercados y llevar café de especialidad de alta calidad al mundo, fundó Valleinca en 2017.
Han pasado cerca de ocho años desde entonces. Hoy, Valleinca trabaja junto a más de 400 pequeños productores en las regiones de Cusco y Puno, en el sur del Perú, exportando entre 15 y 20 contenedores anuales de café de alta calidad. Además de variedades tradicionales como Bourbon, Caturra y Geisha, también impulsan la introducción de variedades competitivas como Sidra. Actualmente, alrededor del 70 % de los cafés que comercializan se encuentran en el rango de 84 a 90 puntos, dentro de la categoría de especialidad.

Valleinca no busca simplemente promover la venta de café. Su objetivo es mucho más amplio: mejorar los ingresos y la calidad de vida de los productores, y lograr un equilibrio entre la producción cafetera y la conservación del medio ambiente; en otras palabras, un desarrollo verdaderamente sostenible. Para hacer realidad este ideal, no solo ofrecen capacitaciones y distribuyen plantones de manera gratuita, sino que también impulsan la expansión de variedades con alta pureza genética, promueven actividades de reforestación e incluso atienden el bienestar emocional de los productores. Se trata de un enfoque integral que abarca todos los aspectos de la vida y el trabajo en el campo.
Pero, siendo él mismo productor de café, ¿qué es lo que realmente motiva a José a liderar esta transformación en su región?

El capital amplía las posibilidades
Antes de fundar Valleinca, José trabajó como analista de créditos en Agrobanco, una institución financiera del sector agrario en Perú. Durante cuatro años, impulsado por el deseo de fortalecer su vínculo con los productores y aportar de alguna manera a su desarrollo, fue testigo directo de las dificultades que enfrentan en términos de financiamiento. Al mismo tiempo, comprendió que, con servicios financieros adecuados, las opciones y el futuro de los productores podían expandirse de forma significativa. José lo recuerda así:
«Lo que hacía particular a Agrobanco era que permitía a los productores realizar un solo pago anual después de la cosecha. Gracias a este sistema, incluso quienes no contaban con liquidez suficiente podían asegurar el capital necesario para insumos como la fertilización. Además, las tasas de interés eran relativamente bajas en comparación con los préstamos privados.

Parte de nuestro trabajo también consistía en ayudar a los productores —muchos de los cuales no tenían cuenta bancaria o no contaban con acceso suficiente a servicios financieros— a entender cómo funciona el sistema financiero, y a desarrollar la mentalidad de convertir un préstamo en una inversión capaz de generar mayores ingresos».
A partir de esta experiencia, José ha incorporado activamente mecanismos de financiamiento dentro de Valleinca. Evaluando a los productores en función de su historial productivo de los últimos tres años y la confiabilidad de su suministro, la organización realiza pagos anticipados equivalentes al 10–20 % de su producción anual.
«Lo valioso de este tipo de relaciones es que despiertan en los productores un sentido de responsabilidad positiva. Aunque explicamos la importancia de la gestión financiera de forma verbal, he notado que cuando existe un compromiso concreto que deben cumplir, las personas tienden a tomarse su trabajo mucho más en serio».

Por más altos que sean los ideales o la motivación de crecer, sin recursos iniciales cualquier intento corre el riesgo de quedarse en una ilusión. El crecimiento de Valleinca —que en sus inicios ni siquiera contaba con suficiente capital, credibilidad o un vehículo para visitar a los productores— también fue posible gracias al financiamiento bancario. Aprovechando su experiencia y conocimientos adquiridos en su etapa anterior, José supo canalizar esos recursos hacia la compra de café y la apertura de nuevos mercados.
«En los próximos dos o tres años, queremos contar con nuestras propias instalaciones: almacenes, plantas de procesamiento y un laboratorio de control de calidad. Uno de nuestros objetivos es ser reconocidos a nivel mundial como un grupo capaz de producir café de especialidad de alta calidad».

El éxito se expande en todas direcciones
Hoy, Valleinca exporta café al mundo junto a aproximadamente 700 pequeños productores en Cusco (de los cuales unos 400 son activos) y cerca de 30 en Puno. Sin embargo, en su primer año de operación, apenas comercializaron 2 toneladas de café, adquiridas de cinco productores con quienes mantenían una relación cercana.
«Si consideramos el contexto de aquel entonces, era algo totalmente natural. Muchos productores habían sido mal pagados por intermediarios o cooperativas, e incluso habían pasado por experiencias cercanas al fraude. Por eso, cuando escuchaban nuestra propuesta, era evidente la desconfianza en sus rostros».

En ese momento, ni siquiera existía el nombre Valleinca; todo se sostenía sobre relaciones personales. Aun así, el hecho de cumplir con los pagos tal como se había prometido se convirtió en el mayor respaldo para generar confianza. El hecho de que José fuera de la misma región y también productor de café seguramente jugó un papel clave. Al año siguiente, alrededor de 100 productores comenzaron a confiarles su café, y el volumen de manejo creció casi treinta veces.

A partir de ahí, Valleinca se expandió a un ritmo acelerado. Sin embargo, José nunca quiso que ese crecimiento fuera simplemente una expansión cuantitativa. Con la intención de desarrollar el negocio de manera más consciente y responsable, comenzaron a trabajar en la obtención de certificaciones como orgánico y comercio justo.
Asimismo, mediante el uso de financiamiento, apoyaron la implementación de camas de secado y sistemas de secado en ambiente controlado (utilizando ventilación y deshumidificación para estabilizar la calidad). Para el almacenamiento del café en pergamino, introdujeron tempranamente el uso de GrainPro, altamente hermético. Además, han distribuido de manera gratuita plantones de variedades adecuadas según las condiciones climáticas de cada finca y las preferencias de los productores,
Más allá de la búsqueda de beneficios económicos, Valleinca impulsa un modelo que permite a los productores continuar su actividad de manera sostenible, en armonía con el entorno natural.
Sin embargo, por más avanzadas que sean las tecnologías o los equipos que se ofrezcan, nada funciona sin una base de confianza. Por eso, el equipo de Valleinca no duda en visitar incluso a los productores más alejados. Se desplazan hasta zonas que requieren hasta 12 horas de viaje en coche por trayecto, visitando a cada productor al menos una vez al año, y en temporada de cosecha, incluso dos o tres veces.

Como resultado de haber construido relaciones de confianza y de sostener transacciones justas de manera constante, se han comenzado a ver cambios concretos en la situación económica y el nivel de vida de los productores. Un caso emblemático es el de una familia con la que Valleinca ha trabajado durante siete años.
Antes vivían en una casa deteriorada, sin condiciones básicas adecuadas. Sin embargo, tras obtener un reconocimiento en la Cup of Excellence, el precio de su café se multiplicó aproximadamente por cuatro. Con esos ingresos, pudieron remodelar su vivienda, mejorar instalaciones como el baño y los dormitorios, e incluso invertir en infraestructura como instalaciones de secado.
Este aumento en la motivación hacia el trabajo se tradujo en mejoras tanto en la producción como en la calidad, lo que a su vez generó mayores ingresos. Llegaron a adquirir terrenos y viviendas en zonas urbanas, e incluso pudieron invertir en la educación de sus hijos. Así, su vida ganó una estabilidad y un margen que antes no existía. Este tipo de círculo virtuoso ha comenzado a inspirar a otros productores.

«Por supuesto, no todos los productores pueden seguir exactamente el mismo camino. Pero, con diferentes matices, he visto con mis propios ojos cómo en grupos de 100 o 200 productores la calidad del café mejora y las condiciones de vida avanzan. Cuando el esfuerzo se ve recompensado en forma de mayores ingresos, ese impacto positivo se extiende a todos los aspectos de la vida: el entorno familiar, la educación de los hijos, la salud. No hay mayor satisfacción que poder presenciar esos cambios.
Aun así, todavía hay muchos productores que no reciben el apoyo suficiente ni cuentan con las mismas oportunidades. Este desafío no tiene fin. Queremos seguir buscando maneras de mejorar la calidad del café y, al mismo tiempo, las condiciones económicas de los productores, para que todos puedan llevar una vida digna. En un momento en que, especialmente entre los jóvenes, la migración del campo a la ciudad va en aumento, siento que es fundamental demostrar, con hechos concretos, que el trabajo en el café puede ser una opción atractiva».